Es huérfano de padre y madre, es el menor de 10 hermanos y tiene 24 años. En apenas un poco más de dos décadas, Carlos Mamani seguramente vivió más experiencias extremas que muchas de las miles de personas que lo vieron emerger ayer de las entrañas de la tierra. Y es quizás por eso que sus palabras tienen la firmeza de la sencillez. Cuando este minero boliviano se enteró de que el presidente Evo Morales le ofrecía el avión presidencial para regresar a su patria no lo pensó dos veces. Se limitó a advertir que antes de decidir cualquier cosa debía cumplir una promesa: reunirse con sus 32 compañeros cuando todos estuvieran fuera de la mina San José. 
Mamani llegó al norte de Chile hace cinco años. Allí se dedicó a realizar actividades agrícolas y conoció a Verónica Quispe, también boliviana, con quien se casó en 2008. A sugerencia de su suegro, Jonny Quispe, decidió probar suerte en las minas de Atacama. Como sabía manejar camiones pesados, rápidamente consiguió empleo en la mina San José. Pero cinco días después de haber comenzado a trabajar se produjo el derrumbe (cosas del destino: su suegro había salido de la mina minutos antes de la catástrofe).
Morales visitó a Mamaní cuando ya había sido rescatado (fue el cuarto). "Es un hecho histórico que une cada día más y más. Trae una mayor confianza entre Bolivia y Chile y, sobre todo, entre los presidentes. Para el pueblo boliviano será inolvidable el esfuerzo del presidente (Sebastián) Piñera. Muchas gracias por el rescate de nuestro hermano", expresó el mandatario.
En Bolivia, Morales y su gabinete recibieron varios pedidos para que se le entregue al minero una pensión vitalicia. El presidente aseguró en repetidas ocasiones que el Estado ayudará a Mamani en forma incondicional. De todos modos, el minero ahora tiene otra prioridad: seguir junto a los hombres con los que desafió a las entrañas de la tierra.